La espondiloartrosis es un proceso degenerativo que afecta a las articulaciones de la columna, especialmente en la zona lumbar y cervical. Es frecuente con el paso de los años y, aunque puede provocar dolor y rigidez, no siempre genera síntomas importantes. Los cambios estructurales no se revierten, pero el dolor y la función pueden mejorar. El tratamiento suele centrarse en mantener la actividad, adaptar la carga y utilizar ejercicio y fisioterapia cuando están indicados.
Espondiloartrosis: resumen rápido
| Aspecto | Información |
|---|---|
| Qué es | Cambios degenerativos que afectan a las articulaciones de la columna |
| Zonas frecuentes | Columna lumbar y cervical, aunque también puede afectar a la dorsal |
| Síntomas | Dolor, rigidez y limitación del movimiento |
| Factores asociados | Edad, genética, antecedentes de lesiones y determinados factores mecánicos o relacionados con la carga. |
| Tratamiento | Ejercicio, fisioterapia y control de los síntomas y la carga |
| Gravedad | Depende más de los síntomas y la función que de la imagen aislada |
| ¿Tiene cura? | Los cambios estructurales no se revierten, pero los síntomas pueden mejorar |
Contenido
¿Qué es la espondiloartrosis?
La espondiloartrosis es un proceso degenerativo que afecta principalmente a las articulaciones facetarias, situadas entre las vértebras y responsables de guiar parte del movimiento de la columna. Cuando estos cambios degenerativos afectan a estas articulaciones hablamos de artrosis facetaria.

¿Qué estructuras puede afectar?
Aunque el término se refiere sobre todo a las articulaciones vertebrales, es frecuente que aparezcan al mismo tiempo otros cambios degenerativos en discos, huesos y ligamentos.
Entre ellos puede coexistir una discopatía degenerativa, que afecta a los discos intervertebrales y no es exactamente lo mismo que la espondiloartrosis.
También pueden formarse osteofitos, pequeños crecimientos óseos que aparecen como respuesta a los cambios degenerativos de la columna.
Estos hallazgos no siempre provocan dolor y deben interpretarse junto con los síntomas y la exploración.
Diferencia entre espondilosis y espondiloartrosis
Los términos se utilizan a veces de forma similar, pero no son exactamente equivalentes.
- La espondiloartrosis hace referencia principalmente a la artrosis de las articulaciones de la columna.
- La espondilosis es un concepto más amplio que puede incluir cambios degenerativos en discos, cuerpos vertebrales y formación de osteofitos.
¿Qué significa que sea degenerativa?
Significa que existen cambios estructurales asociados al paso del tiempo y a la adaptación de los tejidos. Estos cambios son frecuentes con la edad y su presencia en una radiografía o resonancia no implica necesariamente dolor o discapacidad.
¿Qué tipos de espondiloartrosis existen?
La espondiloartrosis puede aparecer en distintas regiones de la columna. La localización influye en los síntomas, aunque los cambios observados en una radiografía o resonancia no determinan por sí solos cuánto dolor tendrá una persona.
| Tipo | Zona afectada | Síntomas frecuentes |
|---|---|---|
| Lumbar | Parte baja de la espalda | Dolor lumbar, rigidez y molestias con determinadas actividades |
| Cervical | Cuello | Dolor cervical, rigidez y, si existe afectación nerviosa asociada, síntomas hacia hombro o brazo |
| Dorsal | Zona media de la espalda | Dolor localizado y rigidez |
Espondiloartrosis lumbar
Afecta a las articulaciones de la parte baja de la espalda. Puede asociarse con dolor lumbar, rigidez y molestias durante determinadas actividades o después de permanecer mucho tiempo en una misma posición.
Estos cambios pueden formar parte de un cuadro más amplio de artrosis lumbar, que engloba los procesos degenerativos de esta región de la columna.
Espondiloartrosis cervical
Afecta a las articulaciones del cuello. Puede producir dolor cervical y rigidez. Estos cambios pueden coexistir con otros procesos de artrosis cervical y, si existe afectación de estructuras nerviosas, pueden aparecer síntomas hacia el hombro o el brazo.
Espondiloartrosis dorsal
La afectación dorsal se localiza en la zona media de la espalda. Es menos frecuente que la lumbar o cervical y puede producir dolor localizado y rigidez.
Cuando el dolor dorsal es persistente o presenta características poco habituales, conviene valorar también otras posibles causas.
Espondiloartrosis lumbar L4-L5
El nivel L4-L5 es uno de los segmentos lumbares donde con frecuencia aparecen cambios degenerativos. Es una zona con una participación importante en la movilidad y transmisión de cargas de la columna lumbar.
Su presencia en una prueba de imagen no significa necesariamente que sea la causa del dolor.
Espondiloartrosis lumbar L5-S1
El segmento L5-S1 conecta la columna lumbar con el sacro y también puede presentar cambios degenerativos con frecuencia.
Al igual que ocurre en L4-L5, estos hallazgos deben interpretarse junto con los síntomas, la exploración y la capacidad funcional, y no de forma aislada.
¿Qué síntomas produce la espondiloartrosis?
Los síntomas pueden variar según la zona afectada, las estructuras implicadas y otros factores individuales. Los más habituales son el dolor, la rigidez y la pérdida de movilidad.

Dolor lumbar, cervical o dorsal
El dolor suele localizarse en la región afectada:
- Lumbar: en la parte baja de la espalda y puede manifestarse como lumbalgia.
- Cervical: en el cuello y puede presentarse como cervicalgia.
- Dorsal: en la zona media de la espalda y puede relacionarse con cuadros de dorsalgia.
Puede ser intermitente o aparecer tras determinadas actividades o periodos prolongados en una misma posición.
Rigidez y pérdida de movilidad
Es frecuente notar rigidez, especialmente al levantarse por la mañana o después de estar mucho tiempo sentado.
También puede aparecer una reducción de la movilidad, por ejemplo al girar el cuello, agacharse o extender la espalda.
Dolor con determinados movimientos
Algunos movimientos pueden aumentar temporalmente las molestias, sobre todo si la zona está más sensible.
Esto no significa necesariamente que esos movimientos estén dañando la columna; la respuesta depende de la tolerancia individual y de la carga acumulada.
Hormigueo, irradiación u otros síntomas neurológicos
La espondiloartrosis por sí sola no siempre provoca síntomas hacia brazos o piernas. Sin embargo, si existen cambios degenerativos asociados que reducen el espacio disponible para los nervios, como ocurre en algunos casos de estenosis foraminal, pueden aparecer:
- dolor irradiado hacia brazo, glúteo o pierna;
- cuadros de lumbociatalgia cuando el dolor lumbar se extiende hacia la pierna;
- hormigueo o entumecimiento;
- alteraciones de sensibilidad;
- pérdida de fuerza.
Estos síntomas requieren una valoración más cuidadosa, especialmente si son progresivos.
¿Cómo saber si tienes espondiloartrosis?
El diagnóstico se basa en combinar los síntomas, la exploración clínica y, cuando está indicado, las pruebas de imagen. No todas las personas necesitan una resonancia o varias pruebas para valorar el problema.
Exploración clínica
El profesional valora aspectos como:
- localización y características del dolor;
- movilidad de la columna;
- movimientos o actividades que aumentan o reducen los síntomas;
- presencia de hormigueo, alteraciones de sensibilidad o pérdida de fuerza;
- impacto sobre las actividades habituales.
Radiografía y resonancia magnética
Cuando están indicadas, las pruebas de imagen pueden aportar información sobre los cambios estructurales.
La radiografía puede mostrar artrosis facetaria, reducción de espacios articulares y osteofitos. La resonancia magnética permite valorar con más detalle discos, tejidos blandos y estructuras nerviosas.
Signos y cambios frecuentes en las pruebas de imagen
Entre los hallazgos que pueden aparecer se encuentran:
- desgaste de las articulaciones facetarias;
- formación de osteofitos;
- cambios degenerativos en los discos;
- reducción de determinados espacios;
- coexistencia de otros procesos, como estenosis lumbar.
Estos hallazgos no siempre se corresponden con la intensidad del dolor. Muchas personas presentan cambios degenerativos en las pruebas sin síntomas importantes, por lo que la imagen debe interpretarse junto con la exploración y la situación clínica.
¿Por qué aparece la espondiloartrosis?
La espondiloartrosis es un proceso degenerativo y multifactorial. El factor más relacionado es la edad, aunque también pueden influir características individuales, antecedentes de lesiones y determinados factores mecánicos.

Cambios degenerativos y envejecimiento
Con el paso de los años pueden aparecer cambios progresivos en las articulaciones facetarias, los discos y otras estructuras de la columna.
Entre los cambios más habituales están:
- desgaste del cartílago articular;
- aparición de osteofitos;
- cambios en los discos intervertebrales;
- menor movilidad de algunos segmentos;
- modificaciones en la distribución de cargas.
Estos cambios son frecuentes con la edad y no siempre producen dolor.
Factores que pueden favorecer o agravar los síntomas
No existe una única causa. Algunos factores pueden influir en la aparición de cambios degenerativos o en cómo se manifiestan los síntomas:
- edad y predisposición individual;
- antecedentes de lesiones o traumatismos;
- trabajos o actividades con alta demanda física mantenida;
- aumento brusco o mal tolerado de la carga;
- baja actividad física o pérdida de capacidad muscular;
- otros factores generales, como el exceso de peso, especialmente en la región lumbar.
Las posturas mantenidas, el sedentarismo o determinadas cargas pueden aumentar las molestias en algunas personas, pero no deben interpretarse como causas directas y universales del desgaste vertebral.
¿Qué grados de espondiloartrosis existen?
No existe una única clasificación universal de los grados de espondiloartrosis. En los informes de imagen suelen utilizarse términos como incipiente, leve, moderada o avanzada para describir la intensidad de los cambios degenerativos.
Espondiloartrosis incipiente o leve
Los cambios estructurales son pequeños. Pueden observarse:
- osteofitos pequeños;
- cambios articulares iniciales;
- reducción leve de algunos espacios.
En esta fase puede haber síntomas o no aparecer ninguna molestia.
Espondiloartrosis moderada
Los cambios degenerativos son más evidentes y pueden incluir:
- osteofitos más desarrollados;
- mayor desgaste de las articulaciones;
- estrechamiento de determinados espacios;
- cambios asociados en discos o hueso.
Esto no significa necesariamente que el dolor tenga que ser moderado o constante.
Espondiloartrosis avanzada o severa
En las formas avanzadas pueden observarse cambios articulares más marcados, osteofitos de mayor tamaño y una reducción importante de determinados espacios.
En algunos casos pueden coexistir alteraciones como estenosis o afectación de estructuras nerviosas, aunque tampoco aquí la imagen determina por sí sola la gravedad de los síntomas.
⚠️ Idea clave
El grado observado en una radiografía o resonancia no predice directamente cuánto dolor o discapacidad tendrá una persona. Por eso, las pruebas deben interpretarse junto con los síntomas, la exploración y la capacidad funcional.
¿Es grave la espondiloartrosis?
La espondiloartrosis no suele ser una enfermedad grave ni poner en riesgo la vida. En muchas personas forma parte de los cambios degenerativos asociados a la edad y puede causar síntomas muy variables.

Casos leves frente a casos avanzados
Los cambios leves pueden pasar desapercibidos o provocar molestias ocasionales. En fases más avanzadas pueden aparecer:
- mayor rigidez;
- pérdida de movilidad;
- limitación para algunas actividades;
- síntomas neurológicos si existe compresión de estructuras nerviosas.
Aun así, la gravedad de los cambios en una radiografía o resonancia no determina por sí sola la intensidad del dolor o la discapacidad.
Cuándo conviene consultar
Conviene pedir valoración si:
- el dolor es persistente o empeora progresivamente;
- limita de forma clara las actividades habituales;
- aparece hormigueo o entumecimiento persistente;
- existe pérdida de fuerza en brazos o piernas;
- aparecen alteraciones importantes de sensibilidad.
Si existe pérdida progresiva de fuerza, alteraciones para controlar vejiga o intestino o pérdida de sensibilidad en la zona perineal, se recomienda valoración médica urgente.
¿La espondiloartrosis tiene cura?
La espondiloartrosis no tiene una cura que revierta los cambios degenerativos de las articulaciones de la columna. Sin embargo, esto no significa que el dolor o la limitación tengan que mantenerse: los síntomas y la función pueden mejorar considerablemente.
¿La espondiloartrosis lumbar tiene cura?
La espondiloartrosis lumbar tampoco es reversible desde el punto de vista estructural. Los cambios observados en las articulaciones pueden permanecer en las pruebas de imagen aunque la persona tenga menos dolor, más movilidad y mayor capacidad para realizar sus actividades.
Por tanto, el objetivo no es “eliminar” la artrosis de la columna, sino reducir su impacto sobre la vida diaria.
Qué se puede mejorar con tratamiento
El tratamiento puede centrarse en:
- reducir el dolor y la rigidez;
- mejorar la movilidad;
- recuperar fuerza y capacidad física;
- aumentar la tolerancia a caminar, trabajar o hacer ejercicio;
- adaptar progresivamente las actividades que generan molestias.
La fisioterapia y el ejercicio pueden formar parte de este abordaje, mientras que en determinados casos también puede ser necesario tratamiento médico.
Evolución a largo plazo
La evolución es diferente en cada persona. Los cambios degenerativos pueden seguir siendo visibles en una radiografía o resonancia aunque los síntomas mejoren, fluctúen o permanezcan estables durante largos periodos.
También pueden coexistir otros cambios en la columna, como problemas discales o estrechamiento de espacios nerviosos. Cuando son clínicamente relevantes, pueden requerir una valoración específica, como ocurre en algunos casos que necesitan un tratamiento de la hernia discal lumbar.
¿Se puede caminar con espondiloartrosis?
Sí. En muchas personas, caminar es una actividad adecuada y recomendable porque ayuda a mantener la movilidad, evitar el desacondicionamiento y conservar la capacidad para las actividades diarias.
La clave no es caminar “mucho”, sino encontrar una cantidad de actividad que resulte tolerable y progresiva.
Cuándo caminar suele ser recomendable
Caminar suele ser una buena opción cuando:
- el dolor es leve o moderado;
- no aparecen síntomas neurológicos progresivos;
- la molestia no aumenta de forma importante después de la actividad;
- puedes mantener un ritmo cómodo sin modificar excesivamente la forma de caminar.
Una pequeña molestia no significa necesariamente que estés dañando la columna, pero conviene observar cómo responden los síntomas durante y después del paseo.
Cómo adaptar distancia, ritmo y carga
Si caminar aumenta las molestias, puede ser útil ajustar:
- distancia, haciendo recorridos más cortos;
- ritmo, reduciendo la velocidad;
- duración, introduciendo pausas;
- frecuencia, repartiendo la actividad en varios paseos;
- terreno, empezando por superficies cómodas y progresando según tolerancia.
El objetivo suele ser mantener la actividad sin provocar un aumento importante y mantenido de los síntomas, y aumentar progresivamente la carga cuando la tolerancia mejora.
⚠️ Recomendación práctica
Si no sabes cuánto caminar, utiliza como referencia una distancia o tiempo que puedas completar sin que el dolor aumente claramente durante horas después. A partir de ahí, incrementa la actividad de forma gradual en lugar de alternar entre reposo total y esfuerzos excesivos.
¿Qué puede empeorar los síntomas?
Algunos factores pueden aumentar temporalmente el dolor, la rigidez o la limitación, aunque no significa necesariamente que estén empeorando el desgaste estructural.
Inactividad prolongada
El reposo prolongado o pasar demasiado tiempo sin moverse puede aumentar la rigidez y reducir la tolerancia de la columna a las actividades habituales.
Exceso de carga
Aumentar de forma brusca la cantidad o intensidad de actividad puede provocar un incremento de los síntomas.
Puede ocurrir, por ejemplo, tras:
- levantar más peso de lo habitual;
- hacer esfuerzos repetidos;
- aumentar de golpe el ejercicio;
- retomar actividades exigentes sin progresión.
Posturas mantenidas
Permanecer mucho tiempo en una misma posición, ya sea sentado, de pie o inclinado, puede aumentar las molestias en algunas personas.
Más que buscar una “postura perfecta”, suele ser útil cambiar de posición con frecuencia y evitar mantener durante demasiado tiempo aquellas posturas que aumentan claramente los síntomas.
Pérdida de fuerza y capacidad física
Una baja capacidad física puede hacer que ciertas actividades resulten más exigentes y aumenten antes las molestias.
Por eso, mejorar progresivamente la fuerza, movilidad y tolerancia a la carga puede ayudar a realizar las actividades diarias con menos limitación.
En algunos episodios también pueden aparecer molestias musculares asociadas, como una contractura lumbar, que puede aumentar temporalmente el dolor y la sensación de rigidez.
¿Cuál es el tratamiento de la espondiloartrosis?
El tratamiento se centra en reducir el dolor, mejorar la movilidad y mantener o recuperar la función, adaptándose a los síntomas y a las necesidades de cada persona.

Fisioterapia
La fisioterapia puede ayudar a mejorar la movilidad, la capacidad física y la tolerancia a las actividades habituales.
La fisioterapia de espalda puede combinar ejercicio terapéutico, educación y técnicas específicas según los síntomas. En algunos casos, técnicas complementarias como la punción seca pueden utilizarse para aliviar molestias musculares asociadas, pero no modifican los cambios degenerativos de la columna.
Ejercicio terapéutico y control de carga
El ejercicio adaptado es una parte importante del tratamiento. Puede orientarse a mejorar:
- fuerza;
- movilidad;
- resistencia;
- tolerancia a caminar, trabajar o hacer ejercicio;
- confianza ante determinados movimientos.
La carga debe progresarse de forma gradual, evitando tanto la inactividad prolongada como aumentos bruscos que disparen los síntomas.
Tratamiento médico
Cuando el dolor es intenso o persistente, el médico puede valorar opciones como:
- analgésicos;
- antiinflamatorios, cuando estén indicados;
- infiltraciones en casos seleccionados;
- valoración por un especialista si existen síntomas neurológicos importantes o limitación marcada.
La cirugía se reserva para situaciones concretas y no es el tratamiento habitual de la espondiloartrosis.
Ejercicios para la espondiloartrosis
El ejercicio puede ayudar a mejorar la movilidad, la fuerza y la tolerancia a las actividades diarias. No existe un único programa válido para todas las personas, por lo que la elección depende de la zona afectada, los síntomas y la capacidad física.

Movilidad
Los ejercicios de movilidad pueden ayudar a reducir la sensación de rigidez y mantener el movimiento de la columna.
Algunas opciones habituales son:
- basculaciones pélvicas suaves en posición tumbada;
- rotaciones lumbares controladas con las rodillas flexionadas;
- movilidad cervical suave en rotación e inclinación, sin forzar el rango.
Cuando la afectación es principalmente cervical, estos ejercicios pueden formar parte de un programa de fisioterapia cervical, adaptado a la movilidad, los síntomas y la tolerancia de cada persona.
Fortalecimiento
El trabajo de fuerza puede mejorar la capacidad para tolerar mejor las demandas del día a día.
Puede incluir ejercicios como:
- puente de glúteos;
- ejercicios de fuerza de piernas adaptados;
- trabajo progresivo de la musculatura de tronco y espalda.
Más que buscar “estabilizar” una columna supuestamente inestable, el objetivo es aumentar la capacidad física y la tolerancia a la carga.
Control y tolerancia al movimiento
También es importante recuperar confianza para realizar movimientos cotidianos como agacharse, girar, levantarse de una silla o caminar.
La progresión suele consistir en aumentar poco a poco el rango, las repeticiones o la carga según la respuesta de los síntomas.
Estos ejercicios pueden integrarse dentro de programas de fisioterapia de lumbares, adaptando el trabajo a la evolución de cada persona.
⚠️ Aviso importante
No todos los ejercicios son adecuados para todos los casos o fases. Una valoración profesional es clave.
¿Cómo evoluciona la espondiloartrosis con el tiempo?
La espondiloartrosis suele formar parte de un proceso crónico y progresivo de cambios degenerativos, pero su evolución no es igual en todas las personas ni sigue necesariamente una secuencia fija.
A nivel estructural, con el tiempo pueden aparecer cambios como:
- desgaste de las articulaciones facetarias;
- cambios en los discos intervertebrales;
- formación de osteofitos;
- reducción de algunos espacios;
- coexistencia de estenosis u otras alteraciones degenerativas.
Sin embargo, la evolución de los síntomas puede ser muy diferente. Algunas personas presentan molestias leves y estables durante años, mientras que otras alternan periodos de mejoría con episodios de dolor o rigidez.
Lo más importante es que los cambios visibles en una radiografía o resonancia no determinan por sí solos cuánto dolor tendrá una persona ni cómo evolucionará.
Por eso, más que intentar predecir una progresión exacta, conviene valorar:
- dolor y rigidez;
- movilidad;
- capacidad para caminar, trabajar o hacer ejercicio;
- presencia de síntomas neurológicos;
- respuesta a la actividad y al tratamiento.
Mantener una buena capacidad física, seguir activo dentro de lo tolerable y ajustar las cargas puede ayudar a reducir el impacto de los síntomas y conservar la función a largo plazo.
¿Puede afectar al trabajo o causar discapacidad?
Sí, la espondiloartrosis puede afectar al trabajo o a las actividades cotidianas cuando provoca dolor persistente, rigidez, pérdida de movilidad o síntomas neurológicos. Sin embargo, el diagnóstico por sí solo no determina que una persona tenga discapacidad o incapacidad laboral.
Espondiloartrosis y trabajo
La repercusión laboral depende sobre todo de:
- intensidad y frecuencia de los síntomas;
- capacidad para permanecer sentado o de pie;
- tolerancia a levantar o transportar cargas;
- necesidad de realizar movimientos repetitivos;
- presencia de hormigueo, pérdida de fuerza u otros síntomas neurológicos;
- exigencias físicas concretas del puesto.
En algunos casos puede ser útil adaptar temporalmente tareas, introducir pausas o modificar determinadas cargas mientras mejoran los síntomas y la capacidad física.
Cuándo puede limitar las actividades diarias
La espondiloartrosis puede generar mayor limitación cuando el dolor o la rigidez dificultan actividades como:
- caminar durante periodos prolongados;
- vestirse o agacharse;
- conducir;
- levantar objetos;
- trabajar en una misma postura durante mucho tiempo;
- realizar ejercicio o tareas domésticas.
El grado de discapacidad no se determina únicamente por lo que aparece en una radiografía o resonancia, sino por el impacto real sobre la movilidad, la autonomía y la capacidad funcional de cada persona.
Tratamiento de la espondiloartrosis en Barcelona
El tratamiento de la espondiloartrosis en Barcelona debe adaptarse a los síntomas, la movilidad, la capacidad física y las actividades que cada persona necesita recuperar. No todos los casos requieren el mismo enfoque ni responden igual a la carga o al ejercicio.

Valoración individual
La valoración inicial puede incluir:
- zona afectada: lumbar, cervical o dorsal;
- intensidad y comportamiento del dolor;
- movilidad y capacidad funcional;
- tolerancia a caminar, trabajar o hacer ejercicio;
- presencia de síntomas neurológicos;
- objetivos personales y laborales.
Esta información ayuda a definir un plan de tratamiento realista y progresivo.
Tratamiento progresivo
El tratamiento en nuestra clínica de fisioterapia en Barcelona puede combinar ejercicio terapéutico, movilidad, fortalecimiento y adaptación de cargas según la evolución.
El objetivo es progresar sin depender de protocolos rígidos, ajustando el tratamiento a la respuesta de los síntomas y a la capacidad de cada persona.
Objetivos de la rehabilitación
Los principales objetivos son:
- reducir el impacto del dolor;
- mejorar movilidad y fuerza;
- aumentar la tolerancia a las actividades habituales;
- recuperar seguridad al moverse;
- volver de forma progresiva al trabajo, ejercicio o deporte cuando sea necesario.
No buscaría “corregir” la imagen radiológica, sino mejorar la función y la calidad de vida.
Preguntas frecuentes
Los cambios degenerativos no suelen revertirse, pero los síntomas pueden mejorar y muchas personas mantienen una buena función con ejercicio, actividad adaptada y tratamiento cuando está indicado.
La espondiloartrosis es una forma de artrosis localizada en la columna vertebral, especialmente en las articulaciones entre las vértebras. La artrosis también puede aparecer en otras zonas como rodilla, cadera o manos.
Sí. El ejercicio adaptado puede ayudar a mejorar la movilidad, la fuerza y la tolerancia a la actividad. La clave está en ajustar la carga y progresar según la respuesta de los síntomas.
No suele recomendarse el reposo absoluto. Mantener cierto nivel de actividad puede ayudar a reducir la rigidez y conservar la capacidad física. Si hay un episodio doloroso, puede ser útil reducir temporalmente la carga sin dejar de moverse por completo.
Referencias clínicas
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- Borenstein, D. G. (2013). Chronic low back pain. Rheumatic Disease Clinics of North America.
- Katz, J. N., & Harris, M. B. (2008). Lumbar spinal stenosis. New England Journal of Medicine.
- Binder, A. I. (2007). Cervical spondylosis and neck pain. BMJ.
- van Tulder, M., Becker, A., Bekkering, T., et al. (2006). European guidelines for the management of acute nonspecific low back pain. European Spine Journal.
Aviso médico
La información de este artículo tiene fines informativos y no sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento individualizado realizado por un profesional sanitario.
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María Pérez Rubio
Directora
Fisioterapeuta especializada en neurorrehabilitación
y terapia manual ortopédica.
Colegiada nº 12607
